martes, 7 de julio de 2009

El Sueño

Sentada en la sala de mi casa, miré como todos los objetos cobraban vida, me rodeaban y se burlaban. Extrañamente comenzó a parecerme divertida esa animación fantasmal. Cerré los ojos para sentir la tersa envoltura del sillón que me abrazaba. Me sentía ligera y comencé a elevarme. Cuando abrí los ojos, ya estaba en el techo y podía ver a Luis y las niñas que me miraban con cara de asombro. Seguí subiendo y veía el techo de la casa y mi calle. Las nubes, aún quedaban lejos pero yo flotaba como globo en el parque, solo un tenue hilo me sostenía. Me mecía con el viento, me deslizaba, sin necesitar otra cosa más que los sentidos para deambular libremente por los aires. A lo lejos, las casas se convertían en colores apilados y cada quien recobraba sus espacios.

De pronto, al querer elevarme más sentí un fuerte tirón, recordé con angustia la cuerda que me mantenía a la tierra, me sentía atorada, atrapada, comencé a volver sobre mi propia cuerda.

El regreso fue penoso, todo tomaba sus reales dimensiones, la misma calle arbolada que conducía al parque, los autos y cuando llegué a la puerta de mi casa, intenté abrirla, tocar, gritar, sin ninguna respuesta. Corrí a la ventana y me veía adentro, limpiando la sala como todos los miércoles. Yo , o lo que se parecía a mí estaba ahí dentro sin sentidos y yo afuera. Quería gritar pero el sonido se apagaba, comencé a llorar.

-¿Que te pasa? ¿Tienes una pesadilla?
No pude contestar, no sabía si lloraba por verme convertida en otra o el haber dejado de volar.